Un espacio para la reflexión filosófica y teológica

martes, 26 de septiembre de 2017

Nueva Perspectiva de Pablo (NPP) y Justificación por la fe

Mauricio A. Jiménez

San Pablo escribiendo sus epístolas (óleo atribuido a Valentin de Boulogne, c. 1619)

(Tomado de una entrevista que un amigo me hizo a propósito de la publicación de mi libro “La Justicia de Dios revelada. Hacia una teología de la Justificación”)

¿Qué piensas sobre las nuevas perspectivas en torno a la doctrina de la justificación, más puntualmente con la corriente teológica conocida como NPP?

La Nueva Perspectiva de Pablo (o NPP), en este sentido de la pregunta, puede analizarse al menos desde dos enfoques que, lo queramos o no, al final terminan relacionados. Primero, desde el punto de vista del estudio del judaísmo del segundo templo; y segundo, desde el punto de vista de lo que Pablo quiso decir con “justificación por la fe”.
En cuanto a lo primero, el ensayo de Ed P. Sanders de 1977 (“Paul and Palestinian Judaism. A Comparison of Pattems of Religion”) es fundamental para el desarrollo posterior de cualquier discusión sobre el tema. Aunque no estoy tan convencido de que su paradigma soteriológico —lo que él llamó “nomismo pactual”— sea el que mejor explica la perspectiva judía con respecto a las obras de la ley y la salvación; sin embargo, su tesis acerca del judaísmo de los tiempos de Pablo pienso que ha contribuido a esclarecer lo que Lutero pudo haber mal interpretado y hasta caricaturizado. En este último sentido, es importante reconocer la posibilidad de que los judíos de tiempos de Pablo fueran menos legalistas de lo que se creyó y enseñó caricaturescamente durante una buena parte del cristianismo contemporáneo occidental. En otras palabras, es posible que el judaísmo de los tiempos de Pablo no fuera una religión de méritos, como muy a menudo se ha enseñado. No obstante, y aquí es en donde me detengo a discrepar, eso no constituye una negación al hecho de que hubo sectores dentro del judaísmo empeñados en hacer de la ley de Moisés, en especial de las prácticas rituales con énfasis en la circuncisión, una condición para la justificación y para la salvación. Tal es el ejemplo de lo que estaba ocurriendo en las iglesias gálatas y también lo que se nos informa en las crónicas de Lucas (ver esp. Hechos 15:1, 5; cf. la respuesta de Pedro en 15:10-11).
Las afirmaciones de Pablo en textos claves como Romanos 4:1-ss. y 9:30-10:1-ss., también vienen a reforzar esta idea. Véase también algo muy parecido a una salvación por obras en un texto tan cercano al período temprano de la Iglesia, como 2 Baruc (p. ej. 14:12, “Los justos con razón esperan en el fin y sin miedo parten de esta habitación, porque tienen junto a ti multitud de obras buenas, guardadas en el tesoro”, cf. 44:14; 51:3, 7; 67:6); cf. con 3 Baruc caps. 11-17, en donde se dice del papel de las buenas y las malas obras en orden a la retribución de los hombres en esta vida (aquí los méritos de los justos son causa de los premios dados por Dios). Similar noción de las obras en relación con la salvación tenemos también en el texto de Qumrán, 1QpHab 8: 1-3, en donde encontramos la interpretación a Habacuc 2:4 (“mas el justo por su fe vivirá”) en los siguientes términos: “Su interpretación [del versículo] concierne a todos aquellos que observan la ley en la Casa de Judá, a quienes Dios liberará de la Casa del Juicio [i.e. del juicio final] por su hechos [o sufrimientos] y por su lealtad al Maestro de justicia”.
Lo cierto es que el judaísmo palestino del tiempo de los apóstoles no era una cosa uniforme y monolítica, sino más bien variada y compleja en lo que respecta a su teología (lo que nos debe hacer cuestionar la afirmación de que el “nomismo pactual” propuesto por Sanders fuera el único paradigma soteriológico dentro del judaísmo de ese período, como explicación a la problemática de Pablo con los judaizantes). Y dentro de esta variedad de puntos de vista teológicos nos encontramos con posturas que apuntan más hacia una justicia o salvación por obras que a otra cosa; opiniones que bien son las que, posiblemente, Pablo tuvo en mente a la hora de exponer la doctrina de la justificación únicamente por la fe.
Esto me lleva al segundo punto, la justificación por la fe en Pablo. Es posible que entre los representantes de la Nueva Perspectiva de Pablo (aunque bien hiciéramos en llamarle mejor “Nuevas Perspectivas de Pablo”), N.T. Wright sea el que más ruido ha hecho en este segundo punto (o el más popular al menos). Por lo menos en Latinoamérica (en donde la NPP es mucho más reciente que en Europa y Norteamérica), el profesor Wright es el que más conocido se ha hecho por su ensayo de 1997, “What St. Paul Really Said”, traducido al español en 2002 para la Colección Teológica Contemporánea de editorial CLIE, bajo el título: “El Verdadero Pensamiento de Pablo. Ensayo sobre la teología paulina”. También en EEUU ha sido el que quizás más críticas ha recibido de parte de los teólogos más tradicionales en este tema de la justificación.
Ahora bien, la tesis de Wright en cuanto a la justificación es básicamente esta: La justificación no era para Pablo un asunto acerca de cómo podía la gente salvarse o presentarse justa delante de Dios (en un sentido forense), sino en cómo saber que se estaba en la familia del pacto. Para Wright, la justificación no era un asunto soteriológico, sino más bien eclesiológico. Las diferencias de Pablo con los judaizantes a quienes a menudo alude en Romanos y en Gálatas, no tenían que ver con «cómo el hombre se salva» (si por las obras o sólo por la fe), sino con «quiénes tenían derecho a formar parte de la comunidad pactual, de la Iglesia del Nuevo Pacto». La justificación en Pablo se debe entender entonces como un lenguaje de membrecía, que aunque involucra elementos forenses en su definición (los creyentes son declarados justos y sus pecados son perdonados), este lenguaje forense es utilizado por Pablo en forma de metáfora para expresar una relación pactual.
Desde la perspectiva de Wright —esto es, desde su definición de la doctrina— no tiene sentido hablar de imputación (la doctrina de la imputación de la justicia), ya que cuando Dios actúa en favor de su pueblo dándole el estatus de «justo», no está comunicándole su justicia; y tampoco ese estatus tiene que ver con alguna condición previa con la que el pecador se presenta ante su tribunal, tiene más bien que ver con ese actuar vindicativo de Dios que le confiere el estatus de justo (“metafóricamente hablando”, dice Wright), tal como sucedía —según Wright— en un tribunal hebreo cuando un juez fallaba a favor del demandado vindicándole o absolviéndole de toda acusación.
En mi opinión, no creo que Wright esté tan equivocado cuando ve en la carta de Pablo a los Gálatas una correspondencia con esta tesis suya —con este asunto acerca de la membrecía y de la problemática respecto de quiénes eran los verdaderos miembros del pueblo del nuevo pacto con quienes se podía uno sentar a la mesa—; sin embargo, creo que se equivoca al entender la justificación como un asunto eclesiológico más que soteriológico. La justificación, la terminología de la justificación, es una cuestión forense en todo el sentido de la palabra. Todas las veces que esta palabra aparece en contraste con la condenación (como vemos que sucede en Romanos 2:12-13; 5:16-18; 8:33-34, por ejemplo) su significado es inequívocamente judicial, lo mismo en otros textos no paulinos, como Deuteronomio 25:1; 1 Reyes 8:32; Proverbios 17:15 o Mateo 12:36-37. A mí me parece que ante un escenario forense y soteriológico como este, la doctrina de la imputación de la justicia vuelve a tomar sentido; además de que, como argumento más extensamente en mi libro, la comprensión que tiene Wright respecto del escenario judicial en el contexto del tribunal hebreo, no es del todo precisa, y eso cambia dramáticamente las conclusiones que se siguen de su planteamiento respecto del uso del lenguaje forense en la justificación.
Pienso que esta visión más horizontal de Wright acerca de la justificación, con su énfasis en la relación comunitaria entre los miembros de la familia pactual, no es el punto que define a la justificación en su significación más exacta (aunque reconozco que hay esta dimensión eclesiológica en la justificación, como he dicho más atrás). Por ende, creo que una perspectiva vertical, en la que el énfasis está puesto en la relación de Dios y la comunidad, o más precisamente entre Dios y los individuos que forman parte de esa comunidad, es la forma más correcta y precisa de entender el artículo de la justificación, siempre en el contexto de una relación forense con características y consecuencias reconciliadoras (cf. Romanos 5:1 y ss.).


La entrevista completa, donde se tocaron también otros temas relacionados con el libro, puede verse en el siguiente enlace: